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¿El narcotráfico está de moda?

  • 25 Septiembre, 2017

Por Hugo Carvajal Barrios

Domingo, 24/09/2017 / Durante esta semana ha circulado en prensa la noticia de la aparición de un NARCOLIBRO cuya autora incluso ha sido galardonada por hacer arte de lo que se ha denominado una “investigación periodística” sobre un asunto tan complejo y entramado como el tráfico de sustancias estupefacientes ilícitas en nuestro país. A este tema dedicaré mi artículo de hoy pues el caso de mi detención en Aruba, ha sido tocado en este libro y viene a sumarse a la ola especulativa y de ataques de los que he sido víctima durante más de una década. A decir de su autora, el libro en cuestión, según reseñan los medios “el tema del narcotráfico está de moda”.

No he tenido la oportunidad de ver la obra en toda la dimensión que relata la prensa, pero, la sola noticia y la frase que difunde la reseña, generó en mí una reflexión sobre la forma frívola, que casi raya en la irresponsabilidad, de abordar temas mediáticamente relevantes, para surfear la ola de mentiras no confirmadas, de las conjeturas que lesionan la reputación de personas honorables y vestirlos de “investigación periodística”, ganando con ello un espacio en el universo mediático al lograr aumentar el tan preciado centimetraje de prensa, ser tendencia en las redes y el salto a la fama que tanto buscan las individualidades, pasando por encima de lo moralmente correcto y llevándose por el medio a cualquiera que no esté en la línea de sus intereses.

Decir que “el narcotráfico está de moda”, equivale a expresar que es un tema que “vende”, que genera rating y un retorno de inversión importante y por tanto hay que usarlo, sin que medien valores, ni principios, ni la necesaria referencia testimonial o verificación de las fuentes, que, en justicia plena, tendrían el derecho de ser consultadas dándole a este “arte” un carácter de verdad, de confianza y credibilidad. ¿Cuánto daño se hace a la reputación?, ¿con cuánta ligereza se condena y se enjuicia? Esto es violatorio de cualquier código de ética del ejercicio del periodismo.

En el año 2014 justamente, me vi en la obligación de defenderme de la agresión que suponía la condena de la opinión pública liderada por un grupo de periodistas montada sobre el acontecimiento de mi detención arbitraria en Aruba.

El tratamiento comunicacional por parte de algunos periodistas de la prensa nacional supuso una condena a priori de mi causa. Hubo un manejo irresponsable de la noticia, se publicaron informaciones falsas que generaron un daño irreparable a mi honor y reputación, razón por la cual, en octubre de 2016, introduje una demanda por difamación agravada continuada a varios periodistas ante los organismos de justicia de Venezuela, como un llamado de atención al ejercicio responsable de su profesión. Al día de hoy, muchos atendieron este llamado y tenemos relaciones cordiales y profesionales, otros lamentablemente decidieron continuar violando el código de ética que les rige.

Hace años atrás los medios eran instituciones respetadas que gozaban de amplia credibilidad. Al día de hoy, están envueltos también en la trampa del desmoronamiento institucional y del cuestionamiento. El país reclama una vuelta a la cordura, a poner cada cosa en su sitio y dejar de lado la frivolidad, el análisis ligero, la irresponsabilidad de no asumir consecuencias.

El narcotráfico no está de moda, no es ciencia ficción ni mucho menos la historia banal que recogen muchas películas y series cuyo rating se dispara por el morbo que despierta en la sociedad y por el cual se ganan millones de dólares. El narcotráfico es un problema de Estado de extrema complejidad, un flagelo que amerita la atención y el concurso global de actores detrás de los cuales se mueven los más diversos y múltiples intereses y así debe verse. El llamado una vez más es a los profesionales de la prensa a ejercer su profesión dentro de los más altos códigos de ética que reclama el país, esa es también una forma de ayudar a la reconstrucción moral e institucional que tanto necesitamos.