Hugo Carvajal Barrios Hugo Carvajal Barrios Hugo Carvajal Barrios Hugo Carvajal Barrios Hugo Carvajal Barrios

Menú

El periodismo militante: ¿Dispare y después averigüe?

  • 16 Octubre, 2017

Por Hugo Carvajal Barrios

Domingo, 15/10/2017 .- La semana que culmina mi nombre ha sido, una vez más, titular de primera en varios medios digitales dedicados a tejer las más inverosímiles historias y a crear los cuentos más insólitos entorno a mi figura en una especie de morbo fantástico reñido con los más elementales principios éticos que rigen la profesión del periodismo y en el que se exhibe un alarde de creatividad al servicio de la mentira.

Esta vez el motivo es un artículo firmado por la periodista Maibort Petit en la que me hace noticia “Absuelven y dejan en libertad al Tte. Cnel. Mora Carvajal, sobrino de Hugo Carvajal, responsable del alijo cocaína en vuelo Air France 2013”, titula la periodista en su cuenta de twitter, convirtiéndose la información en uno de los temas más leídos en la red.

No conozco a la periodista, pero entiendo que se dedica al periodismo de investigación, que tiene un número importante de seguidores y que, a juzgar por las reacciones y réplicas de sus informaciones, es una fuente creíble para muchos de sus colegas que sin mediar razones y desde el confort, no solo hacen los RT de rigor, sino que además la información es multiplicada por sus medios endosando su veracidad.

Debo decirle a la periodista y a sus seguidores, que el dato suministrado en su tuit cuyo “montaje” avala con un documento que lo hace parecer creíble y que nada tiene que ver conmigo, es absoluta y totalmente falso: No conozco de vista o trato al oficial que menciona, ni mucho menos tengo el parentesco que me endilga. Su titular en el que me incrimina es tendencioso e irresponsable y hasta teñido de una dosis de saña y sadismo. Me cuesta creer que un periodista que se venda asimismo como “investigador” ponga en riesgo su credibilidad y se exponga, por las causas que fueran, a una acción judicial usando datos falsos.

Pero Maibort, es tan solo uno de los nombres en la lista. En honor a la verdad, son muchos los que le disputan el primer lugar en eso de “montar ollas” y practicar el método del periodismo militante de “Dispare primero y averigüe después”.

Ya antes, a mediados de este año, registramos un hecho similar con el experimentado periodista Manuel Malaver, quien en su blog Factor MM, esgrimió informaciones que no se correspondían con la verdad sobre el funcionamiento de la estructura militar venezolana y me convirtió en la “Máxima autoridad de la Inteligencia Nacional” siendo que yo no he estado en ejercicio o funciones de gobierno desde el 2012. Esa información motivó el Derecho a Réplica el cual fue atendido por el periodista, según manda el Código de Ética que rige al periodismo venezolano.

La tercera semana de agosto de este año recibí una nueva alerta. El siniestro de una avioneta en la que perdieron la vida entre otros un pasajero de apellido Carvajal. Bastó y sobró el apellido, para activar la especulación y el movimiento de los trolls en el mundo digital. No recibí llamada alguna para corroborar la información, pero ahí estaban los expertos del twitter haciendo mentiras y conjeturas. La información emitida resultó una vez más “falsa”

Es así como me he convertido en blanco predilecto de la prensa militante, que favorecida por mi deber de sigilo, mi condición de hombre de inteligencia que me obligó (y hasta hoy me obliga) a resguardar información clasificada por fines de seguridad de Estado, se ha dedicado a un ataque sostenido y un fusilamiento moral y público hacia mi persona, llegando incluso a promover las sanciones judiciales de la que soy objeto por parte de USA y que no son más que facturas cobradas por no ser servil a intereses foráneos al lado del Comandante Chávez en defensa de la soberanía nacional de la cual no me arrepiento, sino que al contrario, es el capital moral con el que me acuesto y me levanto cada día.

La prensa militante: Una red de mentiras desafortunadas

Mi relación con la prensa no ha sido muy afortunada que digamos. Los ataques en mi contra comenzaron en el año 2008, sin más justificación que un artículo de la revista Semana de Colombia que exponía mis supuestos vínculos con las FARC. En este artículo lleno de imprecisiones y contradicciones, el 70% de las fuentes informativas son anónimas. Sin embargo, ese artículo, fue replicado por otros medios catalogándolo como una investigación exhaustiva que dio pie a la sanción administrativa del Departamento del Tesoro Norteamericano y la inclusión de manera arbitraria, en la lista de la OFAC. Posterior a estos hechos, el mismo presidente Chávez me dijo para el momento “te están nombrando mucho, pon a un abogado que averigüe que está pasando contigo, no te descuides” y desde esa fecha he recibido opinión de siete bufetes de abogados, uno de los cuales adelanta un trabajo de investigación para determinar el origen de esos señalamientos, cuestión que está bien adelantada y en su momento lo informaré a la opinión publica.

Mas tarde, en el 2014, cuando se produjo mi detención arbitraria en Aruba, varios periodistas se convirtieron en el pelotón de fusilamiento que me ejecutó ante la opinión pública, lo cual motivó en mayo de 2016 una demanda por difamación continuada agravada, en contra de los periodistas Patricia Poleo, Hernán Lugo Galicia, Javier Ignacio Mayorca, Gustavo Azócar, Sofía Nederr e Ibsen Martínez. Además, del exgobernador de Monagas José Gregorio Briceño, Julio Rodríguez Salas y los dueños de Globovisión Juan Domingo Cordero y Raúl Gorrín.

Al día de hoy tengo razones para estar molesto con la prensa, pero más allá de eso entiendo que el ejercicio del periodismo, para quienes se hacen llamar “investigadores”, en algunos casos, está movido por el factor competitivo cuya base no es la ética, ni los valores, ni informar con responsabilidad. Entiendo que muchos periodistas recurren al amarillismo y al sensacionalismo para alcanzar el reconocimiento, para sobrevivir y figurar en un mercado de la información.

Estoy entre quienes piensan que la reconstrucción de Venezuela pasa necesariamente por un rescate de todas las instituciones, incluyendo los medios de comunicación.

En lo particular me siento en el deber de asumir una defensa férrea de mi honor y mi reputación pues de lo único que me arrepiento es de no haberme defendido antes. Hoy tengo un compromiso con la realidad social de mi país y el estado Monagas donde un grupo de paisanos me eligió para representarlos en la Asamblea Nacional. Soy un servidor público y estoy ganado a la idea de promover criterios de respeto, convivencia y solidaridad.
A los periodistas, les invito a leer el preámbulo del código de ética que les rige y los artículos 11 al 13, donde seguramente encontraran los límites de su actuar. ¿Nos sumamos a reconstruir las instituciones? Hace falta la buena voluntad. Aquí los espero.