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La OEA: Menos soluciones y más leña a la candela

  • 3 Octubre, 2017

Por Hugo Carvajal Barrios

Domingo, 30/09/2017 .- La crisis institucional en Venezuela pica y se extiende. Para el 13 de octubre está previsto y convocado un acto en el salón de las Américas de la Organización de Estados Americanos (OEA), en Washington DC, para la instalación de un Tribunal Supremo de Justicia en dicha instancia internacional, hecho inédito en la historia republicana de Venezuela, que en nada contribuye a la paz y a la solución de la situación del país.

Dicen los voceros de la oposición que “las medidas que se dicten desde este tribunal serán de carácter internacional y de obligatorio cumplimiento para el Gobierno Bolivariano”. Y yo hago la siguiente reflexión: ¿Como es que podemos colocar la soberanía de un pueblo y delegar la administración de su justicia suprema en una instancia extraterritorial?

Definitivamente el juego de intereses que se conjuga en este organismo que es la OEA incentiva que muchos vendan su alma al diablo, a costa de la dignidad de todo un pueblo.

La historia nos ha demostrado que organismos como la OEA no acompañan a ningún país a llevar un proceso en paz y tranquilidad. Lamentablemente hay intereses sociales, políticos y económicos de terceros países que tratan de sacar ganancias y enturbian la buena intención o la transparencia que pudiera tener este tipo de organización.

En el caso venezolano, la Asamblea Nacional de mayoría opositora se ha dado a la tarea de apoyar la aprobación de declaraciones de crisis en temas de salud, alimentación y seguridad, han enviado comunicaciones a gobiernos para que desconozcan los tratados y convenios del pais, han tratado de abrir un canal de ayuda humanitaria, entre muchas otras acciones, ahora pretenden juramentar un TSJ, todo para promover desde la OEA una intervención con miras a favorecer los intereses de tan solo un grupo que quieren asirse con el poder. Triste realidad y absurda por demás.

Me preocupa que la OEA se convierte nuevamente en el escenario desde el que se promueve la conformación de un Estado paralelo con fines macabros e impredecibles, que lejos de facilitar salidas le pone más leña a la candela.

La solución de Venezuela no está en la OEA. Esta opción dejó de ser viable desde el mismo momento en que esta organización se parcializó con el bloque opositor perdiendo así toda posibilidad de convertirse en un elemento conciliador capaz de procurar el entendimiento y la búsqueda de una salida negociada, pacífica e institucional para nuestro país.

No quiero siquiera pensar que los grupos opositores e interesados reunidos en la OEA consideren como opción una salida a la fuerza para favorecer sus intereses e imponer su acción política; si han pensado en ello, debo decir que están bien alejados de la realidad. Venezuela no es Grenada, Irak, Panamá, Libia, ni Siria.

Aquí hay más de 30 millones de habitantes, que lejos de lo que piensen los dirigentes políticos, y a pesar de que políticamente están divididos en dos grandes bloques, es una gran fortaleza que daría al traste con cualquier pretensión extranjera contra nuestra soberanía.

La solución de la crisis en Venezuela pasa por resolver los conflictos entre las instituciones y requiere como ya lo he dicho, negociación y árbitros que no estén cuestionados, y sobre los que no penda la sospecha fundamentada de sus compromisos con terceros intereses que transcienden los del país y su gente.

La acción de la OEA y el grupo opositor prevista para este 13 de octubre, luce desde mi punto de vista, estéril y antipatriota y con toda responsabilidad debo decir que no solventará los problemas de la nación.

La solución de los problemas entre venezolanos debemos generarlas los propios venezolanos desde la Paz, la reconciliación y el reconocimiento de los actores que se adversan, desde aquí mis votos porque tomemos esa vía.