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La prueba de los demócratas

  • 18 Septiembre, 2017

Por Hugo Carvajal Barrios

Domingo, 18/09/2017

La dirigencia política del país se enfrenta nuevamente a un importante reto, el cual exige superar los individualísimos de los últimos años, para avanzar hacia algún tipo de entendimiento mínimo que permita al país salir del atolladero donde  nos encontramos.

Son las malas costumbres de la política venezolana las que nos han sumido en este estado de tensión, conflicto y hasta odio dentro de un mismo pueblo, quizá desde la guerra federal no se había visto en nuestra patria un pueblo tan claramente dividido, guiados por el mal manejo de oportunistas políticos que viven de venderle mentiras a la gente para movilizarla a su antojo.

Más allá de las causas suficientemente analizadas por expertos de los bandos oficiales y opositores y en las que me parece inútil centrarme, lo cierto es que el día de hoy estamos nuevamente ante el escenario de un diálogo. Nueamente un diálogo a través de mediadores internacionales que parecen no gozar de la aceptación popular en nuestro país. Como lo he dicho en artículos anteriores, todos estos problemas pudieran ser resueltos entre venezolanos, pero parece ser que las mentiras de fondo y los intereses personales son tan grandes que necesitan una traducción de personajes extranjeros.

A pesar de lo inadecuado que me parezca este formato de dialogo, debería ser apoyado por todo quien busque algún tipo de avance en la estancada situación política y social del país. Solo es requerido un mínimo de entendimiento que siembre las bases para un posible acuerdo nacional como la alternativa única para lograr resolver la coyuntura histórica que se nos presenta. Hoy la dirigencia política opositora históricamente negada a esta posibilidad, está llamada a deponer los intereses particulares de poder que guían su actuar para ponerse a la altura de la exigencia del pueblo, de quien han perdido la confianza y hasta el respeto. Ya que en todas las “ingeniosas” iniciativas politiqueras ha sido el pueblo quien, en última instancia, ha pagado los platos rotos. El pueblo venezolano no aguanta más y su dirigencia política está obligada a responderle con la seriedad que amerita. Increíble hasta el punto que hemos llegado como para que sigamos perdiendo tiempo observando un juego de poder que parece nunca terminar para comenzar a dar respuestas a los problemas que la gente sigue sufriendo.

El reloj no para, la gente quiere respuestas a los graves problemas, y el absurdo político de este país parece no tener fin. Por eso mi llamado hoy es nuevamente a la cordura, a asumir la responsabilidad de manera cabal. Tomemos este dialogo como una nueva oportunidad, no la desperdiciemos y esperemos que se pueda lograr lo mínimo para comenzar a andar.

La falta de compromiso de la oposición con respecto a contribuir a superar la crisis se demuestra en su incapacidad de generar los cambios que les demandan sus representados. ¿Cómo es que siendo mayoría legítimamente constituida en la Asamblea Nacional, los diputados de la bancada opositora no han generado los consensos necesarios dentro de sus filas para hacer valer sus decisiones? Esto llama a una profunda reflexión sobre cuál es la misión que se han planteado y sus verdaderos compromisos.

Por otro lado, el gobierno tiene el deber de agotar todas las vías para que las nuevas conversaciones den fruto, lo que requiere de seriedad, sinceridad y también una renuncia a condiciones que antes pudieron constituirse en puntos de honor, como una muestra de buena voluntad, no hacia la oposición, sino hacia nuestro pueblo. Recordando nuevamente, que es al pueblo a quién se le debe respuesta.