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Una deuda con el pueblo

  • 6 Agosto, 2017

Por: Hugo Carvajal Barrios

Agosto, 06/2017

Amanece hoy domingo con la noticia de un incidente en un emblemático cuartel militar. La situación política de Venezuela parece más un conflicto bélico que una usual crisis política de las que pueden existir en cualquier país. Los últimos cuatro meses de conflictividad política han terminado en un innecesario y condenable derramamiento de sangre. La batalla ha terminado y ha surgido un ganador, el gobierno y su constituyente. Pero como he dicho anteriormente y lo mantengo, esto no termina aquí. Las causas del conflicto, el malestar social que trajo gente a la calle, sigue ahí; y peor aún, la solución que se le buscó a tal malestar es sumamente contraproducente y puede incitar a más acciones como la de esta madrugada.

Una guerra está compuesta por distintas batallas, en nuestro país ya han ocurrido varias en los últimos años. La primera batalla a la que quiero hacer mención, dentro de esta guerra atípica, se inició el 23 de enero del 2014 y culminó el 28 de febrero del mismo año, con la propuesta opositora llamada “La Salida”. Los resultados: 43 muertos, centenares de heridos y detenidos. Sin lugar a dudas fue un hecho trágico, ocasionado por una propuesta irresponsable típica de los dirigentes opositores venezolanos, sin rumbo claro, sin parámetros establecidos. Propuestas como éstas solo pueden terminar en desorden, violencia y tragedias. Para ese entonces, se condenó a Leopoldo López por haber instigado públicamente a la violencia. Pero, más allá de condenar al responsable de incitar a la violencia, ¿alguien del gobierno se detuvo a pensar por qué los opositores habían reaccionado de tal manera? Me parece nadie lo atendió y los motivos que originaron tal movimiento y las fisuras sociales quedaron ahí, latentes y sin respuesta del gobierno ni de sus propios dirigentes opositores.

Después de varias batallas políticas, elecciones para la Asamblea Nacional, solicitud de referéndum revocatorio, entre otras, llega este primero de abril de 2017 con una irrupción social en las más importantes ciudades del país. Se inició entonces otra batalla, donde las calles dieron paso a las consignas de un sector de la población que reclamaba respuesta a los problemas de inseguridad, escasez de alimento y alto costo de la vida, el deterioro del poder adquisitivo. Pero como lo dije anteriormente, esta llegó de manera distinta, ningún dirigente político la convocó. Fue más una manifestación social espontánea que una convocatoria política. Las trágicas consecuencias de esta irrupción social también son bien conocidas, más de 100 fallecidos, cientos de heridos y detenidos. Pero en ésta, algunos dirigentes opositores de manera irresponsable y egoísta auparon el desorden social que derivó en algunos casos sumamente violentos, por su parte, el gobierno llenó su discurso de descalificativos a toda la población manifestante, catalogándolos generalizadamente de “terroristas”. No hubo voluntad política, no hubo acuerdos, ni negociación posible ante dos bandos enfrascados en una lucha de poder.

Finalmente, el gobierno y su propuesta constituyente ganaron la batalla de la manera más inapropiada, a pesar de que siempre manifesté mi desacuerdo, todos debemos aceptar las realidades. Sin embargo, como en toda batalla, el ganador impone las condiciones y así lo ha dejado ver con claridad el gobierno con las primeras medidas tomadas por la ANC. Pero la imposición de las condiciones luego de vencer en una batalla, se deben hacer siempre bajo ciertas normas. Algunas de estas normas son: el reconocimiento de las partes y el estado final de cada uno, el respeto al vencido, el tiempo otorgado para sanar las heridas, la devolución de prisioneros, la justicia para los que cometieron crímenes y excesos, y más importante que las anteriores es la identificación de las causas del conflicto para poder corregirlas.

Entonces, es necesario el reconocimiento de las partes para establecer y seguir un plan de estabilización y pacificación. Solo esto puede fundar las bases para iniciar unas nuevas relaciones donde la diplomacia y la política garanticen la perpetuidad de la paz. Si las condiciones que pretenda imponer el vencedor no cumplen con el mínimo de estas normas, corren el riesgo de que con mayor prontitud se inicie una nueva batalla como continuación de la guerra, como ya se evidenció en el incidente ocurrido esta mañana o eventos de mayor proporción que pudieran ocurrir y que lamentaremos todos los venezolanos.

Es mucho el trabajo atrasado de reconocimiento y respeto entre las partes que deben realizar los dirigentes políticos de este país para poder comenzar con todo lo requerido para la paz. Con todas las causas que originaron las protestas ya es mucho lo que el gobierno le debe al Pueblo de Venezuela, ojalá y ahora pueda, al menos, cumplir con conseguir un mínimo de paz.

Sinceramente espero que estas observaciones sean tomadas en cuenta por alguien que analice lo sucedido y ayuden a dar pasos hacia la estabilidad y la verdadera paz nacional.